Cuando se había dado comienzo, con gran ilusión, a los actos del Centenario del Centro Icodense, del que Sureda era Socio de Honor (1992), cuando se le había llamado para felicitarle, en Octubre último, en su 93 cumpleaños y comunicarle la intención de la Junta Directiva de que formara parte del Comité de Honor de dicho Centenario, nos llega la noticia de su muerte, la cual viene a llenarnos de tristeza y enturbiar la vida del Centro Icodense y de todos los que le conocimos.
Cuando habíamos iniciado este escrito en memoria de nuestro admirado y buen amigo, el laureado y reconocido maestro de la acuarela, un nuevo hecho luctuoso viene a arrojar su fría y negra sombra sobre la señera Sociedad Centro Icodense y sobre toda la ciudad de Icod: la súbita y precipitada muerte de mi querido primo Jesús Manuel Martín Ruiz, para nosotros “Chicho Ruiz”, presidente del Centro Icodense y uno de los indiscutibles artífices
y animadores de los ambiciosos actos del Centenario. Irreparable pérdida que vuelve a abatir nuestro ánimo, tiñéndolo de tristeza y desasosiego.
Iniciar, por tanto, este escrito dedicado a la memoria de mi buen amigo Sureda, me hace también recordar a Chicho, con quien me unían, no sólo lazos de parentesco y amistad, sino de cierto paralelismo y coincidencia, pues juntos realizamos estudios de bachillerato, de magisterio en la Escuela Normal de La Laguna y actualmente, nos encontrábamos desempeñando nuestra labor pedagógica en el mismo Centro educativo y realizando labores de responsabilidad, formando parte de la Junta Directiva del Centro Icodense.
Tanto Sureda como Chicho, tan distintos y distantes, pertenecientes a dos mundos totalmente opuestos y diferentes, serán siempre una referencia y un ejemplo para todos los que les hemos conocido con cierta profundidad. Ejemplos de fuerza y constancia en el trabajo, de tenacidad, de reflexión, de humanidad, de entrega a los demás; a la comunidad en la que han desarrollado y vida y obra, y a la que han tratado de servir a su manera y modo, con el deseo de crear un mundo mejor.
Cuando la muerte acomete contra seres, como Sureda o Chicho, de una probada y extraordinaria humanidad, con una labor definida y concreta, en el mundo del arte y la pintura, el uno y en el de la enseñanza y la colaboración social, el otro, nuestro espíritu debe llenarse también de alegría serena y de agradecimiento por habernos tropezado con esta “buena gente” y por habernos sentido y ser sus amigos
Plasmar unos pensamientos sobre nuestro querido y admirado artista Guillermo Sureda, nos lleva a revivir tantos momentos inolvidables, imborrables. Tantos ratos de charla en las frescas tardes de la Cruz Chica, donde mi interés por la acuarela y mi afán de principiante fueron hallando eco en la ajustada, docta y apropiada contestación, creándose una amistad que duró por espacio de 20 años. Amistad que huelga decir, continúa con su esposa Miriam Josefina e hijo Guillermo.
Una larga existencia, densamente vivida, compartida entre la música y la pintura, entre Canarias y América. Una existencia repleta de experiencias y de situaciones anecdóticas que contadas con su gracia y excelente humor, lograban arrancar la risa y crear un clima distendido y afable.
Sureda, breves datos biográficos
Nació Guillermo Sureda, como es sabido, en Arucas, el 14 de Octubre de 1912, al ser destinado su padre, guardia civil, en el cuartel de esa ciudad grancanaria, proveniente del anterior destinado en La Orotava. A los 2 años de edad se traslada con su familia a Las Palmas ya que su padre obtiene destino en esa ciudad en el acuartelamiento del Puerto de la Luz, destino que sería el último, ya que lo abandonará al poco tiempo para dedicarse a la representación de diversas casas comerciales nacionales y extranjeras (barajas, cuerdas para instrumentos, zapatos, juguetería, instrumentos musicales, etc.). Con 14 años se establece, definitivamente, la familia en Santa Cruz de Tenerife al considerar su padre mejores posibilidades para el desarrollo de su actividad comercial. Su primer domicilio en esta capital sería en el nº 6 de la calle Pérez de Rozas.
Aquí comienza sus estudios de bachillerato en el antiguo Instituto de la plaza de Ireneo González, con asistencia a la Escuela de Artes y Oficios, contigua, donde recibe clases de dibujo artístico a cargo de Pedro Tarquis y Soria. Pronto debe abandonar sus estudios por problemas familiares e ingresa (1928) en la Litografía Romero como dibujante. Compagina este trabajo con los estudios de violín, la natación y el montañismo.
Sureda siempre fue consciente de sus raíces icodenses, hecho que nos solía recordar a menudo, incluso en carte fechada en Miami (EEUU) en 1991, nos decía textualmente: ..”esto para que la ciudad de mis padres vea que un hijo de Icod triunfa en una nación tan difícil”...
Sureda siempre nos habló con muchos cariño de la ciudad de sus antepasados. Sus recuerdos se remontan a aquellos años de juventud, en que solía acompañar a su padre Guillermo Sureda Sansó por estos lugares de renaciente comercio, a fin de realizar labores inherentes a la distribución y representación de objetos variados, entre los que se encontraban los instrumentos musicales de una conocida casa alemana.
Mientras su padre giraba la rutinaria visita a los distintos comercios de Icod y pueblos aledaños, Sureda se solía alejar, con su inseparable block y cajita de acuarelas para tomar apuntes y realizar pequeñas acuarelas de los lugares más pintorescos de Icod; el drago milenario, los patios repletos de helechas en las casas señoriales, las empinadas calles, la Plaza de la Pila y de un modo especial el parque de Lorenzo Cáceres y la iglesia de San Marcos (1513), puesto que era conocedor de que en ese templo arciprestal se habían casado sus padres Guillermo Sureda Sansó (natural de Manacor) y Eulalia Arbelo Díaz natural de Chío, Guía de Isora aunque vecina de Icod), el 9 de Mayo de 1902.
La madre de nuestro querido pintor era hija de José Arvelo Domínguez, natural de Icod y casado en Chío (Guía de Isora). Sureda, por tanto, era nieto de José Arvelo Domínguez, como hemos indicado, José Isidoro Antonio de los Dolores, para ser más exactos, bautizado en San Marcos el 5 de Enero de 1849, bisnieto de Juan Arvelo y de Modesta Domínguez y Sopranis, tataranieto de Domingo Arvelo y Josefa Delgado y Casares, según la rama materna de su abuelo José y de Nicolás Glez. Domínguez y Teresa Sopranis Gutiérrez, según la rama paterna de su abuelo. La familia Sopranis está muy vinculada a Icod desde muy antiguo, y algunos de sus miembros llegaron a ser escribanos de esta localidad, que dejaron constancia en los documentos, de los hechos más sobresalientes de su época.
En base a sus méritos y a su ascendencia icodense, Sureda fue nombrado Hijo Adoptivo de Icod de los Vinos, según acuerdo plenario del Ayuntamiento de la ciudad de 13 de Septiembre de 1992 y Socio de Honor del Centro Icodense, máxima distinción que concede esta señera sociedad, (1992) y cuenta con una Sala Museo en la Casa de los Cáceres desde 2000, donde se pueden contemplar una colección de 26 obras en exposición permanente.
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